Wednesday, March 03, 2010

Sailing to Byzantium (de William Butler Yeats)

THAT is no country for old men. The young
in one another's arms, birds in the trees
- those dying generations - at their song,
the salmon-falls, the mackerel-crowded seas,
fish, flesh, or fowl, commend all summer long
Whatever is begotten, born, and dies.
Caught in that sensual music all neglect
monuments of unageing intellect.

An aged man is but a paltry thing,
A tattered coat upon a stick, unless
soul clap its hands and sing, and louder sing
for every tatter in its mortal dress,
nor is there singing school but studying
monuments of its own magnificence;
And therefore I have sailed the seas and come
to the holy city of Byzantium.

O sages standing in God's holy fire
as in the gold mosaic of a wall,
come from the holy fire, perne in a gyre,
and be the singing-masters of my soul.
Consume my heart away; sick with desire
and fastened to a dying animal
it knows not what it is; and gather me
into the artifice of eternity.

Once out of nature I shall never take
my bodily form from any natural thing,
but such a form as Grecian goldsmiths make
of hammered gold and gold enamelling
to keep a drowsy Emperor awake;
Or set upon a golden bough to sing
to lords and ladies of Byzantium
of what is past, or passing, or to come.


Tuesday, March 02, 2010

Viaje

El mantel del horizonte, una canción al hombro, una hoguera de muñecas tras mi espalda, y cien años de soledad.

Sunday, February 21, 2010

Desvelo

Duermo todo el día.

De noche me despierto con la lengua con sabor a fuego y el centro de la galaxia latiéndome abajo del cuello. Inmediatamente me incorporo y me pongo a planear conspiraciones de piedras contra los vitrales más altos. Después cuelgo a la muerte en una percha y camino haciendo equilibrio por las líneas del asfalto de una carretera secreta. Si hay luz de luna y un viento oloroso a tierra, me uno a una cuadrilla de ideales pistoleros y andamos por ahí tirando la bronca hasta armar una guerra que libere pueblos de palabras esclavas.

Me la paso dibujando cosmogonías, estrella por estrella, y cuando se escapa un cometa me le subo al galope como a un caballo. Entonces saco el mapa del imperio de las catedrales y voy por su ruta soplando un cuerno para verlas desplomarse ante la voluntad de cada ladrillo.

Ahí es cuando decido echar barro sobre el cuero del olvido. Escribo cartas viajeras que dejan su nido en la adolescencia y se alejan en bandada hasta que las atrapan ciertas mujeres voladoras, y paso a pie descalzo por los tejados apuntando bien alto el mosquete.

De noche abarco y aprieto. De noche conquisto el firmamento esperando ansioso el contraataque del sol.

Pero cuando el día se levanta puntual me encuentra en alguna cama, blando como un queso. Me destapa, me cachetea, me ata las zapatillas y me lava los dientes para sacarme a la calle a empujones. Me carga por la vereda, sosteniéndome del mentón como a un muñeco educado, para eso de guardar las apariencias. Entonces me sacude de aquí para allá igual que a una pelota de pinball, mientras me despulga las ilusiones.

De repente llega el sol, y yo soy un rulemán obediente en los pistones de la ciudad. Donde sea que arrojen mi esqueleto, tengo que rodar unos metros más allá. El cuento siempre repite la primera página y yo, sonámbulo, corrijo expedientes, hago la fila, espero luz verde, cobro mi sueldo, doy las gracias y hasta luego.

Pero resulta que a veces, cuando llueve, me ven pateando charcos y pregonando libertinajes a diez voces, rebotando afuera de la ley en un cuerpo dormido, mientras sueño que escapo descalzo por las cornisas y los techos, bajo la luz de una luna blanca y despechada.


Wednesday, January 27, 2010

Corazón de Barco (de Adrián Abonizio)

Tengo el corazón en dos mitades
que apenas pueden sostenerse;
la derecha tira al viento
y la izquierda tira redes.

Y al abrir los ojos de mañana,
cuando comprendo donde estoy,
creo que el mundo cabe en mi cama
pero me creo lo que no soy.

Corazón de barco,
furia reprimida,
marea alta con las velas cortas,
si lo que importa no es esta vida.
Corazón de barco,
todo lo abandonas,
será tu origen de bosques lejanos
eso de andar buscando lo imposible.

La abulia de los domingos
clava su arenal en mí.
Estoy desnudo, sólo recuerdo
el astillero donde nací.
Y me hago daño creyendo
que alguien vendrá desde la orilla
me creo libre, pero dependo
que ella se suba a sus costillas.

Corazón de barco,
furia reprimida,
marea alta con las velas cortas,
si lo que importa no es esta vida.
Corazón de barco,
todo lo abandonas,
será tu origen de bosques lejanos

eso de andar buscando lo imposible...


Monday, January 11, 2010

Woodyallenmente

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Thursday, November 05, 2009

Shine on you crazy diamond (de Pink Floyd)


Remember when you were young, you shone like the sun.
Shine on, you crazy diamond.
Now there's a look in your eyes, like black holes in the sky.
Shine on, you crazy diamond.
You were caught on the crossfire of childhood and stardom,
Blown on the steel breeze.
Come on, you target for faraway laughter,
Come on, you stranger, you legend, you martyr, and shine.
You reached for the secret too soon, you cried for the moon.
Shine on, you crazy diamond.
Threatened by shadows at night, and exposed in the light.
Shine on, you crazy diamond.
Well you wore out your welcome with random precision,
Rode on the steel breeze.
Come on, you raver, you seer of visions,
Come on you painter, you piper, you prisoner, and shine...




Sunday, October 25, 2009

Cuento de arena (de Jairo Aníbal Niño)


Un día la ciudad desapareció. De cara al desierto y con los pies hundidos en la arena, todos comprendieron que durante treinta largos años habían estado viviendo en un espejismo.




Wednesday, September 02, 2009

Ernest Mandel (Osvaldo Soriano)

ERNEST MANDEL
TEÓRICO DE LA REVOLUCIÓN
(O. Soriano)


Cuando me enteré de la muerte de Ernest Mandel, el último gran teórico del marxismo contestatario, no me sentí con suficiente autoridad para escribir un artículo sobre él y su obra. Después, al ver que los diarios lo recordaban como un dinosaurio enterrado hace millones de años, me dije que al menos debía dar cuenta de la noche en que lo conocí en Ixelles, cerca de Bruselas, allá por 1877.

Mandel llegó a ser el trotskista más notorio del mundo, heredó la dirección de la IV Internacional y fue reconocido o negado por los suyos con la terrible virulencia con que suelen hacerlo los seguidores del creador del Ejército Rojo. A los dieciséis años se incorporó a la Resistencia contra los nazis, entró en el socialismo para crearle un ala izquierda y en 1940, el mismo año en que Trotsky fue asesinado en México por orden de Stalin, se incorporó a las filas del internacionalismo. En los años sesenta, publicó un libro de referencia para la discusión de la economía: Tratado de economía marxista. Al poco tiempo lo pusieron preso por agitador y al salir de la cárcel era uno de los intelectuales rojos más temidos de la tierra. Pasó clandestinamente por decenas de países tratando de unir los desgajamientos trotskistas. Quería hacerles entender a sus camaradas que la revolución no estaba a la vuelta de la esquina, que Marx había incluso previsto la eventualidad de una tremenda derrota (pasarán cincuenta, cien, doscientos años antes de que la clase obrera tome conciencia de su explotación), y que el stalinismo era el principal enemigo del célebre “¡Trabajadores del mundo: únanse!”.

Su libro más traducido, La tercera edad del capitalismo, conocido a principios de los años setenta, anticipa la euforia mercantilista del reaganismo, la tristeza del menemismo y unas cuantas cosas más. En 1983, Mandel publicó en Inglaterra, donde sus seguidores eran más numerosos que en otros países, Power and Money, que muchos consideran su obra mayor. En 1987, ya profesor de economía en la Universidad Libre de Bruselas, se dio el gusto de escribir Meurtres esquís (Asesinatos exquisitos), un curioso ensayo sobre la novela negra.

Sus giras clandestinas solían terminar en escándalos: expulsado de Australia, Francia, Alemania, Suiza y naturalmente Estados Unidos, es posible que haya estado de incógnito en la Argentina en tiempos de Frondizi, aunque él se negó a confirmarlo aquella noche en que lo conocí. Eran los días del gloria del general Bussi, del almirante Massera, del antisemita Ramón Camps, en los que mataban o desaparecían gente en montones, ciudades y mares.


Y bien: alguien le pidió a Mandel que explicara cómo podía ser que el Partido Comunista Argentino diera a Videla un “apoyo crítico”. Fijamos una fecha en Ixelles y allí acudimos los acusados de montar una campaña antiargentina a escuchar lo que decía Ernest Mandel, sucesor de Trotsky, enemigo de los capitalistas y censor de todos los soviets.

Llegó solo a la reunión, sin custodia ni chicas que le hicieran la corte: dejó unos libros sobre la mesa, limpió los anteojos con un pañuelo de papel, se quitó el sobretodo lustroso, raído, y el echarpe marrón. Enseguida me hizo acordar al profesor socialista que Marcello Mastrroianni interpreta en Los compañeros, la película de Monicelli, el expulsado perpetuo, el predicador pesimista. Empezó a hablar y al rato ya se estaba peleando con todos. No decía una sola palabra de las que uno tenía ganas de escuchar, explicaba el mecanismo económico y social que había llevado a la Argentina al desastre desde Uriburu hasta Videla. Nos preguntó qué era de la vida de don Arturo Illia, al que consideraba un gran hombre; preguntó con ansiedad si se había plegado a la aprobación como Balbín y Frondizi o al silencio como tantos otros. Quiso saber de Agustín tosco y también de los sindicalistas amarillos, que conocía uno por uno. Desmenuzó la lógica del comunismo criollo que se plegaba a las sugerencias de Moscú y por primera vez en mi vida oí a un marxista hablar de la revolución informática y de la manera en que cambiaría al mundo. Dejó que lo insultaran y le dijeran que podía meterse sus libros en el culo. Sonreía con ironía y a veces respondía golpeando la mesa con un puño. Tenía la elegancia del despojamiento, las maneras corteses y virulentas de los revolucionarios del siglo XIX. Aunque pocos como él conocían la marcha del capitalismo posindustrial. La charla, convertida en asamblea, terminó pasada la medianoche.


¿Por qué recordar ahora a un tipo al que Menem le hubiera ganado diez elecciones seguidas? ¿Un profesor al que nadie escuchaba? Porque siempre decía algo que no esperábamos que dijera. Esa noche, militantes uruguayos, alemanes, chilenos y argentinos estaban furiosos contra él. La discusión siguió en los pasillos con un frío inolvidable. Tanto que ni siquiera nevaba. El local, que debía pertenecer a un sindicato, se fue vaciando. No había bares ni cervecerías cerca. Igual, nadie tenía con qué pagarse una comida. Nos quedamos en la vereda, ateridos, Mandel y unos pocos amigos. Recién al rato nos dimos cuenta de que estaba a pie y había perdido el último tren. El autor de Power and Money no tenía coche, custodia ni chofer. Lo que más le preocupaba era encontrar un lugar donde seguir la discusión.

Habíamos llegado en un viejo Citroën con una imposible patente holandesa y nos ofrecimos a llevarlo. Aceptó y ahí nomás salimos a treinta por hora en la helada noche belga, con el profesor más perseguido del mundo sentado en las rodillas. Hablaba castellano con los latinoamericanos, alemán con el que manejaba y portugués con la chica que iba al lado. Ya en Bruselas nos invitó a subir a su departamento. Estaba lleno de libros, en las bibliotecas, en el suelo, sobre la mesa, en el baño, arriba de la heladera, debajo de la pileta y al lado de la cama.

No nos hicimos trotskistas por eso, pero el alemán, que ya lo era, le comió las salchichas que tenía en la heladera y nosotros le tomamos la cerveza y acabamos con el queso. Compré su libro sobre la novela negra en París y me pareció que se le iba la mano con la ideología. Eso es todo. No volví a verlo. Murió en Bruselas de un ataque al corazón a los 73 años. Antes había refutado a los liberales, demostrado las contradicciones de patrones y obreros, pronosticado la caída del imperio soviético y adivinado el fin de la era del trabajo asalariado. “Lo que cuenta –decía- es el conocimiento.” Tal vez por eso los medios hablan de él como de un dinosaurio.

Thursday, August 20, 2009

La Pena de Muerte (de María Elena Walsh)

Fuí lapidada por adúltera. Mi esposo, que tenía manceba en casa y fuera de ella, arrojó la primera piedra, autorizado por los doctores de la ley y a la vista de mis hijos.

Me arrojaron a los leones por profesar una religión diferente a la del Estado.

Fuí condenada a la hoguera, culpable de tener tratos con el demonio encarnado en mi pobre cuzco negro, y por ser portadora de un lunar en la espalda, estigma demoníaco.

Fuí descuartizado por rebelarme contra la autoridad colonial.

Fuí condenado a la horca por encabezar una rebelión de siervos hambrientos. Mi señor era el brazo de la justicia.

Fuí quemado vivo por sostener teorías heréticas, merced a un contubernio católico-protestante.

Fuí enviada a la guillotina porque mis Camaradas revolucionarios consideraron aberrante que propusiera incluir los Derechos de la Mujer entre los Derechos del Hombre.

Me fusilaron en medio de la pampa, a causa de una interna de unitarios.

Me fusilaron encinta, junto con mi amante sacerdote, a causa de una interna de federales.

Me suicidaron por escribir poesía burguesa y decadente.

Fui enviado a la silla eléctrica a los veinte años de mi edad, sin tiempo de arrepentirme ó convertirme en un hombre de bien, como suele decirse de los embriones en el claustro materno.

Me arrearon a la cámara de gas por pertenecer a un pueblo distinto al de los verdugos.

Me condenaron de facto, por imprimir líbelos subversivos, arrojándome semivivo a una fosa común.

A lo largo de la historia, hombres doctos ó brutales supieron con certeza qué delito merecía la pena capital. Siempre supieron que yo, no otro, era el culpable.

Jamás dudaron de que el castigo fuese ejemplar.

Cada vez que se alude a este escarmiento la Humanidad retrocede en cuatro patas.

Wednesday, July 29, 2009

Fundición y forja (de Jairo Aníbal Niño)

Todo se imaginó Superman, menos que caería derrotado en aquella playa caliente y que su cuerpo fundido, serviría después para hacer tres docenas de tornillos de acero, de regular calidad.

Monday, June 29, 2009

Poema (de Julio Zabala)

Cipriano, yo pienso que el alfabetizador
no es sólo el que enseña a leer libros
de ciencias, historia, filosofía
y de tantas cosas exóticas
de que habla la gente.

Hermano, yo pienso que alfabetizar es enseñar
a leer en los ojos:
el dolor de los pueblos,
la enfermedad de los niños,
la angustia de la mujer que pare en la calle,
la tos del minero que escupe y mancha de sangre,
la estatua de la libertad neoyorquina.

Hay que aprender a leer
el hambre que toca a la puerta,
el frío que va por la calle,
la oscuridad del que busca
y no encuentra.

Cipriano, yo pienso que
primero debemos alfabetizar
a los que saber leer libros,
pero no saben leer el dolor de los hombres.


Monday, June 01, 2009

El gigante de ojos azules (de Nazim Hikmet)


Un gigante de ojos azules

Amaba a una mujer pequeña
Cuyo sueño era una casita
Pequeña, como para ella,
Que tuviera al frente al jardín
ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººº con temblorosas madreselvas.

El gigante amaba en gigante,
Su mano, a grandes obras hecha,
Mal podía construir los muros
Ni usar el timbre de la puerta
De una casita con jardín
ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººº con temblorosas madreselvas.

El gigante de ojos azules
Amaba a esa mujer pequeña
Que pronto se cansó, mimosa,
De tan desmesurada empresa
Que no concluía en un jardín
ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººº con temblorosas madreselvas.

Adiós, ojos azules, dijo.
Y, con graciosa voltereta,
Del brazo de un enano rico
Penetró en la casa pequeña
Que tenía al frente un jardín
ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººº con temblorosas madreselvas.

El gigante comprende ahora
Que amores de tanta grandeza
No caben ni siquiera muertos
En esas casas de muñeca
Que al frente tienen un jardín
ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººº con temblorosas madreselvas.


Sunday, May 31, 2009

Justicia II

I have no idea where it leads.






Extracto de V For Vendetta, de Alan Moore y David Loyd.

Tuesday, May 12, 2009

Justicia I

Este posteo consta de dos partes. Aquí va la primera, después irá la segunda. Eso es todo el orden que prometo.


Disculpen la molestia (por Eduardo Galeano)

Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.

¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?

El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?

¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?

¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?

Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?

¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?

¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal-Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. MacDonald’s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura, y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?


¿Quiénes son los justos, y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?

¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de crimen organizado?

Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.

Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina 3 millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren 15 niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?

¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?

¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.

Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.

En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?

Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?

¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?

¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?

Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ése un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?

¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?

Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia, ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?

Según Lewis Carroll, la reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:

Ahí lo tienes –dijo la reina–. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final.

En El Salvador, el arzobispo Óscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. Él murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.

El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?

A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.


Friday, April 17, 2009

Saturday, April 11, 2009

Último

Un cuento. El camino de tierra y hojas secas que lleva a la cabaña en la barriga del bosque. El farolito abandonado en la inmensidad de la noche. Mi pelo sucio galopando hacia tus manos. Tu mundo mirando por la ventana y tu ventana esperándome a mí. Ya llego, ya llego para despeinarte y así naveguemos un poquito en la luna amarilla. Ya estoy, ya estoy aquí otra vez.

Todo cerrado. La música en el retumbe de las vigas. No hay arrullo ni manta para cobijar la nariz. No hay guarida que nos proteja de la boca negra del cielo. Maduraste. Se hizo la ley. No se admiten animales. Es el portazo en el hocico de un cachorro. Mi casa, mi leña, mi balsa en el mar. La fiesta adentro con melodía de trompetas. Sordas enfermas trompetas. Afuera la silla rota que ya no hace falta en tu cumpleaños. Y la lluvia. Y la cabaña. Y el otoño.
Un cuento...
Mi cuerpo, mi libro de ayer. El camino de tierra.

Solamente en un cuento se ama como te amaba yo.



Friday, March 27, 2009

Timing

No me duermo. El cuarto está demasiado oscuro y soy el primer y último hombre de la tierra. Antes y después de mí la nada se devora a sí misma. Acostado a tu lado veo al mundo partirse en el borde de la cama, y sus ladrillos antiguos se desprenden y empiezan a tragarme en un barranco. Al eterno espacio vacío. A la muerte y disecación de los únicos ojos que existieron. ¿Dónde estás?
Me deslizo hacia océano negro del cosmos en una balsa de nuez. En la gruta de mi pecho se acurruca una bestia herida. Tienes que atraparme ya.
Tienes que atraparme para que no caiga y me disuelva con los bloques destrozados. Necesito la carne de tus brazos latiendo con fuerza a mi alrededor. Sentir que tiemblas.
No me dejes caer en la extinción de las estrellas…no me dejes. Dóndeestasdondestás.

CERRADO
Espere afuera o muérase. En estos momentos da lo mismo.

Wednesday, March 25, 2009

Ecos

Decime algo. El silencio tiene el subsuelo lleno de fantasmas.
Decime algo; una frase, una nota musical, una caricia, una comilla.

Decime una pelusita.

Que se duerma toda la guardia de tu boca. Que te distraiga la lluvia de otoño. Que dejes escapar una palabra rebelde para que aterrice en mi mesa de luz y me devuelva el aliento.



Monday, March 23, 2009

Rumm rumm

Ojalá empiece con un poema. Después un libro, y otro, y cuatro más y un pensador. Y que le nazca de repente una picazón en los pliegues más polvorientos de su cerebro. Que escriba un manifiesto sobre la tiranía de la distancia, y salga la gente con bombos, canciones y pancartas a despotricar en contra de los teléfonos, los pasajes de regreso y otras soluciones ilusorias.

Sería genial que lo imposible no rebalse sobre sus voces ni apague su chispa. O mejor todavía, que ningún puñado de alpiste soborne a la imaginación para evitar que abra las alas y vuele hasta el límite. Que haya ebullición en el mínimo capricho.

Y ojalá que en medio de esa voltereta de noticias, se despierte cruzado un extremista contra la lejanía y, como primer paso de su revolución, haga estallar
las ruedas de todos los taxis del mundo en una noche como hoy, justo antes de que tengas que irte a dormir a tu casa.

imagen robada de http://tipika.blogspot.com/

Saturday, March 21, 2009

LOS PRO Y LOS CONTRA DE HACER DEDO (J. Sbarra)

Otoño. Que sea otoño. Que sea otoño y que llueva. Mucho. Que haya leños ardiendo en un brasero. Y un gato. Que haya un gato y que sea negro y que mire de amarillo y que se enrosque y que nos enseñe un poco a vivir. Pero por sobre todas las cosas que sea otoño. Que le falte un vidrio a la ventana. Que entren por ese hueco la lluvia y el frío. Que tengas ganas de besarme. Muchas ganas. Que un hombre te espere en otra parte. Que sea otra vez otoño. Otoño y Que llueva. Y que no vayas. Que te quedes conmigo. Que sea otoño otra vez y que te quedes.